Orwell ya nos avisó en su novela “1984″ que llegaría un momento en el que el “Gran Hermano” vigilaría todos nuestros pasos y nos juzagaría y castigaría en función de los mismo.
Lo que Orwell no sabía es que en el 2009 nosotros seríamos nuestros propios “Gran Hermano”.

Y es que desde hace unos meses las aplicaciones de tracking inundan nuestros pc’s y mac’s, nuestros móbiles y pda’s e inundan la red con gigas y gigas de información sobre que visitamos, que música escuchamos, que películas vemos y hasta que aplicacaciones tenemos abiertas.
Todo empezó con el inocente Xfire que prometía horas de diversión para el clan gambiteros pero que hasta ahora solo nos indica que hemos dedicado un total de 1856 horas a jugar con el ordenador.
Tras él llegó last.fm (antes de la existencia de Spotify, la mejor forma de escuchar música gratis en cualquier lugar) que almacenaba las veces que habíamos escuchado una canción en la propia web, en nuestros ordenadores e ¡incluso en nuestros iPod’s!
La burbuja estalló… y llego Google con su Historial de Webs Visitadas, Chrome con su envío de información en segundo plano, Trailguru (una aplicación de iPhone) que captura tus salidas a correr, bici…, las stats de juego que almacena la Wii, el sistema de Logros en los juegos de XBox o en el L4D, las estadísticas del Quake Wars y Quake Live que almacenan cada disparo que pegas… ¡y ya no hablemos de Facebook!
Ayer llegué a un nivel más en mi propio rastreo… Wakoopa. Una aplicación que rastrea las aplicaciones que utilizas en tu ordenador y te recomienda nuevas.
¿Donde está la linea entre lo cómodo y la privacidad?
¿Cuando empezarán las grandes empresas de marketing a analizar estos datos y hacer publicidad personalizada?
¿Es culpa de Internet o nuestra por ceder todos estos datos?
¿Se podrían usar legalmente esta información en un juicio?
El Gran Hermano ya ha empezado… ¡y somos nosotros!
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